Tenia la mirada perdida, los ojos bien abiertos, como si no estuviera segura de lo que veia, de que era realidad y que producto de las pocas neuronas que le quedaban.
Observo sus ojos enrojecidos, sin ningun asomo de lagrimas. Se veian sin brillo y difusos... Que los haria verse asi? Se veian extrañamente mas grandes de lo que solian ser. O tal vez fuera el efecto que daban sus mejillas hundidas y sus pomulos sobresaliendo de la piel, casi afilados.
Y por alguna extraña razon lo unico que tenia mas color que sus parpados, eran sus labios. Rosados al extremo. Casi como si se hubieran roto varios vasos sanguineos en ellos.
Su cabello opaco, sin vida parecia no haber sido lavado en semanas o peinado en meses. Todo muy perturbador, muy oscuro, muy bizarro, muy abstracto.
Su cuello palido, mas de lo que habia sido jamas daba una idea de su carcel autosentenciada. Su clavicula a la vista demostraba el pago por pecados cometidos. Su piel se erizo, y alli noto que su unica vestimenta era una franela de piel tan ajustada que sus costillas se asomaban.
Quisieron llamarla enferma las voces en su cabeza, pero eso, eso era arte.
"-¿Ha sufrido usted mucho, señor? - Le preguntó Franz.
Simbad se estremeció y le observó fijamente.
-¿En que lo nota usted? - Inquirió.
-En todo - Replicó Franz-; en su voz, en su mirada, en su palidez, y hasta en la vida misma que usted lleva." El conde de Monte Cristo
Observo sus ojos enrojecidos, sin ningun asomo de lagrimas. Se veian sin brillo y difusos... Que los haria verse asi? Se veian extrañamente mas grandes de lo que solian ser. O tal vez fuera el efecto que daban sus mejillas hundidas y sus pomulos sobresaliendo de la piel, casi afilados.
Y por alguna extraña razon lo unico que tenia mas color que sus parpados, eran sus labios. Rosados al extremo. Casi como si se hubieran roto varios vasos sanguineos en ellos.
Su cabello opaco, sin vida parecia no haber sido lavado en semanas o peinado en meses. Todo muy perturbador, muy oscuro, muy bizarro, muy abstracto.
Su cuello palido, mas de lo que habia sido jamas daba una idea de su carcel autosentenciada. Su clavicula a la vista demostraba el pago por pecados cometidos. Su piel se erizo, y alli noto que su unica vestimenta era una franela de piel tan ajustada que sus costillas se asomaban.
Quisieron llamarla enferma las voces en su cabeza, pero eso, eso era arte.
"-¿Ha sufrido usted mucho, señor? - Le preguntó Franz.
Simbad se estremeció y le observó fijamente.
-¿En que lo nota usted? - Inquirió.
-En todo - Replicó Franz-; en su voz, en su mirada, en su palidez, y hasta en la vida misma que usted lleva." El conde de Monte Cristo


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