Oí un ruido en las afueras de mi pequeño hogar. Pensé "Tranquila, nadie vendrá a este lugar tan privado, es tuyo. Nadie entrara aquí". Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por un suave llamado a mi puerta.
Asustada me acerque y pregunte por la identidad de mi visitante. No obtuve respuesta, pero al mirar por la rendija lo vi. Era él. Por que habría de tocar mi puerta? Lo pensé. Dudé en abrir. Él no esta pidiendo entrar, de seguro solo viene a entregar algo.
Con cuidado abrí solo un poco la puerta. Entró con pasos seguros y sin decir nada. Que quiere hacer aquí? Quizás yo también este invitada a su guarida.
Le pregunte "Que haces aquí?" y no respondió. Solo escogió las palabras claves y me hizo bajar mi pared de nervios. Aun así, no entendí.
Se acerco, beso mi frente, espalda y manos. Beso también mi nariz, mis mejillas y mi oreja. No se sintieron reales, pero por que mas habría de hacerlo? Eran ordenes de alguien mas. Eso lo explicaba, no quería hacerlo.
Mientras me convencía de estas cosas, vi como poco a poco el se familiarizaba con mi fuerte, con mis muros y mis obstáculos. Y cuando menos lo esperé, me besó.
Mil excusas mas salieron de mis labios, pues ya mi mente sola no podía con lo que sucedía. Mil excusas y no fueron suficientes... Quizás el si quería besarme, quizás este no es mi cuarto, quizás es el suyo. Y mis absurdas reflexiones fueron interrumpidas por una de mis copas rota en el piso.
"Que pasa? No entiendo!" pregunté. No obtuve respuesta y mientras lo miraba empujo una mesa pequeña y rompió una lampara. Se acerco a mis muebles y el relleno voló por todo el cuarto junto con mis gritos. Por que me hacia esto? Es que acaso no notaba donde estaba? En ese santuario de mi estabilidad sentimental...
Tal vez si lo sabia, tal vez no. No importaba, siguió haciendo volar canciones y rompiendo fotografías. Ilusiones.
Supe que era momento de ponerme la mascara y actué como si nada pasara. Nada pasaba. Ignore las sillas rotas en el suelo y me senté junto a algunos pedazos de mi televisor mientras el seguía jugando a destrozar todo. Tres horas pasaron y yo seguí actuando.
Y tan repentino como comenzó, paró.
Dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Me puse de pie y lo seguí. Abrió la puerta ya sin ningún respeto por mi y salió. Cerré.
No. No solo cerré, pase la llave.
Me recosté a la pared y admiré tal desastre.
Pude haberlo evitado.


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