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lunes, 21 de marzo de 2011

★ Dopamina ★

Nunca he sido fanática de los cigarrillos demasiado fuertes, quizás tenga que ver con las mañas de fabrica que tiene mi cuerpo. Quizás es solo que nunca había necesitado calmarme tanto como aquel día.

Fuera por lo que fuera puse entre mis labios rosados y, por aquel día y los siguientes, morados un Marlboro. Lo encendí dubitativa y aspire. Coloqué la caja por la mitad en la mesa frente al espejo en el que me había visto desnuda hacia unos minutos, con el resto de sus cosas y me paré en la puerta del balcón de aquel buen hotel. No muy allá, no podía permitirme ser vista por cualquier transeúnte en esta ciudad pañuelo.

Pensé y sentí. Aspiré y deje que la nicotina engañara mis vías dopaminarias. Mis manos se enfriaron mas que de costumbre y quitaron lagrimas de mis ojos justo a tiempo para ocultarlas de mi amante inesperado. Mi primer paciente y el último.

Salió a mi encuentro con su hermoso cabello aun mojado y la toalla en la cadera… “Hermoso” fue la primera palabra que vino a mi cabeza mientras que la primera oración a mis oídos fue “Nena! Estas fumando?!” en tono de sorpresa. Asentí y me escondí del mundo en su pecho. Me abrazo y temblé. Fue difícil afrontar que lo amaba desde entonces. Desde que me salvo de mi, mis recuerdos, mi mente. Mas difícil luego que fue de el de quien debí ser salvada.

Esta loco. Parece ser que el color sangre de mis labios lo sacaba de quicio. Podría haber gritado y pedido ayuda, pero no tendría ningún sentido. Ninguno en absoluto considerando que fui yo quien pidió la muerte entre calor y pasión. Me mató y probo mi dolor.

Me asesinó y también me amó.

1 comentarios:

Barbie dijo...

Dios, lo amé!