Se hacían tanto bien el uno al otro.
Sin darse cuenta cada vez que se encontraban en algún pasillo, ambos tenían un día que era en todos los aspectos excelente. Cuando se veían sus corazones se saltaban un latido y ellos, envueltos en su mundo, lo ignoraban sin advertir que eso era un checkpoint en sus horas. Un borrón y cuenta nueva en sus medidores de paciencia y amabilidad. Se hacían felices y ninguno de los dos notaba cambio alguno.
No se detallaban mas de lo que dos personas vagamente familiares. No era completos desconocidos pero ninguno de ambos notaba si el otro estaba cansado o si había retocado su corte de cabello. Sus cuerpos se sentían a gusto juntos de una manera tan sutil que solo hacia falta un gesto, un pequeñísimo gesto que parecía no llegar nunca para que sus mentes lo notaran también.
Como siempre, la leve señal que dio su estomago al verla ese día fue ignorada completamente. Atraído por lo que él creyó que eran intenciones de beneficiarse se acercó con sus preciosos ojos posados en el encendedor con el que ella jugaba de manera distraída mientras exhalaba volutas de humo.
-"Disculpa, me lo prestas?"- Dijo él, mas nervioso de lo que se dignaba a admitir mientras hacia un mínimo gesto azorado con las manos que indicaba que se refería al aparato que ella sostenía.
Y el sonido de su voz fue lo único que basto para que ella lo amara como si hubiera un mañana. No como que fuera su ultimo día, sino con las dudas y miedos de un amor que quiere confiar mas que alguna otra cosa.
-"Claro. Por que no te sientas?"

